martes, 11 de enero de 2011

Lectura sobre evolución

Chicos: esta primera lectura nos introduce al tema evolutivo.
Hagan un resumen con sus puntos mas relevantes para ustedes.
Realizaremos una dinámica mañana. miercoles 12 de enero.
Pueden hacer un coementario aqui mismo al calce de la entrada.

Enseñando Evolución en México: Predicando al coro.

Enseñando Evolución en México: Predicando al coro.
Antonio Lazcano


El presente artículo fue publicado por la prestigiada revista científica Science VOL. 310 del 4 de noviembre de 2005.

El autor, Antonio Lazcano, fue uno de los pocos investigadores de todo el mundo, invitados para aportar una visión de la actividad científica regional, para celebrar los 125 años de vida de la revista. Esta distinción, a un científico mexicano es poco usual y debe ser motivo de orgullo para los mexicanos y para la Universidad Nacional Autónoma de México en especial.

Antonio Lazcano ha sido invitado en numerosas ocasiones al plantel Sur del Colegio de Ciencias y Humanidades., para dar conferencias a los alumnos, y siempre es insuficiente el auditorio para recibir a todos los profesores y alumnos deseosos de escucharlo.

El tema que aborda el ensayo, es una comparación entre la enseñanza de la evolución en México y Estados Unidos. De principio podría pensarse que no existen muchas diferencias en los sistemas educativos y debido a que el conocimiento científico actualmente está al alcance de todos, deberíamos tener similitudes en cuanto a los objetivos de aprendizaje en los temas evolutivos de la biología y en el tratamiento y profundidad al abordarlos. Sin embargo esto no es así, ya que en muchas regiones de los Estados Unidos la influencia de la religión es tan fuerte en el sistema educativo, que logra imponer una visión contraria a los conocimientos científicos en lo referente al origen de la vida y la evolución.

Afortunadamente en nuestro país la visión creacionista no está presente en la mayoría de las escuelas de los diferentes niveles de escolaridad, a pesar de que algunos grupos religiosos provenientes principalmente de Norteamérica, están trabajando en contra del evolucionismo. Sobre todo, por medio de la introducción de las de diferentes corrientes religiosas en regiones rurales y pobres del país, a las cuales no ha llegado la educación escolarizada o ésta es incipiente. Hasta ahora la educación formal en México es laica y tiene una gran tradición desde la época de Benito Juárez, por lo que debemos estar alertas sobre la posibilidad de una penetración cultural (que de hecho se da con la globalización) que nos imponga en las escuelas las ideas creacionistas en contra de las científicas.

Enseñando Evolución en México: Predicando al coro.
Antonio Lazcano

En alguno de sus escritos, Charles Darwin expresó su interés por visitar México. Aunque nunca logró satisfacer su deseo, los mexicanos han correspondido con dicho interés a través de un permanente compromiso con sus ideas. Basados en el común malentendido de que el fuerte catolicismo mexicano dio como resultado un rechazo a la evolución, muchas personas en los Estados Unidos siguen convencidas de que enseñar e investigar sobre los orígenes de la vida debe ser severamente limitado en mi país. Derivado en parte de La Leyenda Negra proveniente de España –en donde la imponente intolerancia ejercida por la Inquisición, en general, fue vista injustamente en los siglos siguientes como icono de un país y su explotación colonial– este prejuicio de los Norteamericanos ha dado pie a que muchos observadores desinformados crean que hoy en día los mexicanos son los niños intelectualmente sofocados de la Contrarreforma, que siguen gobernados por una iglesia papista taciturna que rechaza la noción Darwiniana de la evolución y otros grandes avances científicos, mientras se apegan a sus obsesiones teológicas.

Siempre me causa gracia, cuando me preguntan mis colegas norteamericanos sobre los problemas y las presiones que ellos se imaginan que tengo que enfrentar en México debido a mi interés en los orígenes de la vida. Sin embargo, la presión para incluir al creacionismo dentro de la pedagogía pública y en el panorama de la investigación, ha sido un fenómeno que se da principalmente en los Estados Unidos. Solamente dos veces durante mis 30 años de enseñanza en biología evolutiva e investigación dentro de los orígenes de la vida, es que he encontrado oposición a mi trabajo fundamentada en la religión. En ambos casos, vino de los fanáticos evangelistas estadounidenses que predican en México. En este sentido una de las escasas y reconocidas importaciones de Estados Unidos a México, es un pequeño flujo de creacionistas, quienes a través de la religión están tratando de imponer su creencia fundamentalista y obstaculizan la enseñanza de la evolución Darwiniana en todos los niveles de escolaridad.


Es cierto que la llegada del Darwinismo fue un acontecimiento inquietante para numerosos católicos Latinoamericanos, y dio lugar a críticas por parte de varios sectores de la iglesia. De cualquier modo, los historiadores han documentado que no se desarrollaron mayores controversias en la sociedad mexicana después de la publicación en 1859 de “El origen de las especies”. Esta calma se produjo en parte, por el hecho de que Roma no abogaba por la interpretación literal de la Biblia en la forma en que los evangelistas protestantes lo hacían. Con el tiempo, el conflicto entre el Antiguo Testamento y las ideas de Darwin se desvaneció en una cierta coexistencia pacífica entre las teorías y descubrimientos de la biología evolutiva, por un lado, y la enseñanza de la iglesia, por el otro. Aunque tal vez no sea generalmente o frecuentemente reconocido, ha existido una vieja tradición de compatibilidad entre la ciencia y la iglesia católica. Lo sucedido con Galileo sobresale como un momento anómalo de extrema intolerancia.

Por supuesto, ni la iglesia ni sus miembros son entidades monolíticas. Como en otros lugares con fuertes raíces católicas, como lo son Francia, Italia, España y la mayoría de los países Latinoamericanos, la sociedad mexicana en su conjunto, no es solamente predominantemente secular, sino que también da por garantizada la existencia de una fuerte institución laica. Esta es una sutil, pero importante distinción, que explica, por qué México y otros muchos países católicos tuvieron éxito al mantener una amplia condición de secularismo, mientras que también apoyaban la libertad religiosa. Esto funciona mientras los ciudadanos de estos países, expresen esta libertad, dentro del reino de sus creencias personales y no dentro del contexto de la creación de una norma pública. Lo que ayudó aquí, es que en América latina, la mayoría de los católicos tiende a leer el Antiguo Testamento no como la verdad absoluta, sino como una representación de las formas en que la creación divina pudo tomar lugar. Entonces, es posible ser un lector católico de la Biblia o más generalmente un creyente del origen sobrenatural de la vida, sin tener que ser un ferviente creacionista que ha rechazado la evolución Darwiniana para poder mantener la consistencia lógica dentro del marco de las premisas cristianas fundamentalistas.

Una aventura amorosa con Darwin

El estudio del origen de la vida y otros temas de biología evolucionista penetraron profundamente en la cultura mexicana. Esto se mostró de muchas formas, incluyendo un alegre mural de Diego Rivera en un edificio público, donde pinta a Charles Darwin y la popularidad de las ideas de Aleksandr Oparin sobre el origen de la vida a partir de la sopa primigenia. Más de 70 ediciones de “El origen de la vida”, uno de los primeros libros de Oparin, han sido publicadas aquí (en México) y leído por muchas generaciones de estudiantes de preparatoria, desde que fue traducido por primera vez en 1937. Quizás, aun más importante, es la exposición desde hace muchas décadas y en el nivel nacional, de las ideas evolutivas a los niños de las escuelas de México, que están incluidas en los libros de texto publicados por la Secretaría de Educación Pública y que son gratuitos para todos los estudiantes. Las lecciones basadas en este material, son un preámbulo de una posterior enseñanza a mayor profundidad sobre evolución en los niveles de secundaria y preparatoria.

En la primera parte del siglo XX, el naturalista mexicano Alfonso L. Herrera (1865-1942) se convirtió en uno de los primeros y más activos divulgadores de las ideas evolutivas. Con implacable energía, dio conferencias, escribió y estableció museos públicos dedicados a la promoción del Darwinismo. Él también contribuyó a la ciencia de la biología evolucionista desarrollando la teoría del origen autotrófico de la vida, según la cual, las primeras células fueron dotadas desde su surgimiento con una habilidad parecida a la de las plantas para sintetizar sus propios componentes a partir del bióxido de carbono. Aunque ninguno de los colegas asociados de Herrera aportó algo más a su teoría, Herrera ha tenido una influencia perdurable en la biología mexicana. Muchos años después de que él murió, sus contribuciones siguen siendo reconocidas, un hecho que indirectamente me ayudó en mis primeros desarrollos profesionales.




En México, Darwin no encontró mucho rechazo.

Hace unos 30 años, me comencé a interesar intensamente en la importancia prebióticas de los compuestos orgánicos extraterrestres, y decidí impartir un curso sobre el origen de la vida en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En gran parte debido al fundamento intelectual que Herrera dejó muchas décadas atrás, y la simpatía que las ideas de Darwin inspiraron en México, mi propuesta para impartir el curso –a pesar de mi juventud y mi falta de experiencia– fue recibida con considerable entusiasmo por mis colegas, la administración de la universidad, y los estudiantes. Hasta este día, nuevas generaciones de estudiantes continúan congregándose en éste y otros cursos sobre biología evolutiva.

Otro signo de que los educadores y estudiantes de México aceptan el Darwinismo es que mis asociados y yo somos constantemente invitados a dar pláticas en escuelas públicas y privadas, incluyendo aquellas dirigidas por monjas y sacerdotes católicos, para hablar sobre el origen y la evolución de la vida. La lista de estas escuelas incluye una conferencia en el más antiguo seminario católico mexicano. Muchos de los estudiantes y profesores en el seminario, no sólo pudieron ver a la evolución como un desarrollo del plan divino, pero también no vieron un conflicto doctrinal entre su propia fe personal y las ideas científicas de Darwin. Hasta les pareció graciosa la idea de enseñar creacionismo basado en la literatura bíblica.

Como mostró la opinión del artículo publicado el 7 de julio del 2005 en el New York Times por Christoph Cardinal Schönborn, no todos los miembros de la jerarquía católica se sienten cómodos con las premisas y resultados de la teoría de la evolución. También es igualmente cierto que algunos pensadores de la iglesia y teólogos han tratado de criticar los principios filosóficos de la teoría evolucionista, pero la mayoría tiende a aceptar los resultados de las investigaciones experimentales y la estructura general de la evolución, mientras que mantienen una postura espiritual. Esta actitud, que ha prevalecido entre los teólogos del Vaticano, especialmente desde los tiempos del Papa Pió XII a mediados del siglo pasado, posee mucho de la sofisticación intelectual de órdenes como los Jesuitas y los Dominicos.

En su famoso discurso a la Pontificia Academia de Ciencia en 1996, el Papa Juan Pablo II reconoció que la teoría de la evolución no es una mera hipótesis, mientras que también reitera el origen divino del alma humana. Cambiando el énfasis del creacionismo per se, al origen del alma, el Papa Juan Pablo II encontró una base relativamente segura sobre la cual pararse, ya que los científicos son incapaces de probar (o no tienen interés en probar) la existencia o la inexistencia del alma. A pesar de dichas sutilezas, la mayoría de los mexicanos católicos evidentemente no vieron las premisas y los desarrollos de la teoría evolucionista como un campo de batalla o como un riesgo teológico mayor. Por el momento, a los católicos mexicanos y otros cristianos, les llama más su atención, las controversias éticas asociadas con nuevas y emergentes biotecnologías, especialmente aquellas basadas en células madre, investigaciones de fertilidad y manipulación genética.

“La ciencia será condenada”

Es difícil para los mexicanos entender la influencia que la religión tiene en Estados Unidos, y muchos de nosotros estamos desconcertados ante la actitud descuidada de los generadores de opinión en los Estados Unidos ante el derecho religioso, el cual logra influenciar y algunas veces socavar el sistema educativo público. La famosa frase de Thomas Jefferson sobre “la pared de separación” entre la iglesia y el estado, puede ser el principio que guíe la política Norteamericana, pero el enorme espacio cultural que los Protestantes evangélicos y otros movimientos de activistas políticos religiosos han ganado en los Estados Unidos demuestra qué tan tenues son los límites entre lo secular y lo religioso.
Como resumió Noah Feldman en su libro “Dividido por Dios” la creencia de que el Antiguo y el Nuevo Testamento fueron literal y verbalmente guiados por una inspiración divina, está profundamente enraizada en la principal corriente de la cultura norteamericana, que continua siendo una penetrante influencia en muchos aspectos de la vida diaria, incluyendo la educación elemental y superior. En contraste, México todavía mantiene algunas actitudes anticlericales, y la educación pública sostiene la secular marca registrada de la Ilustración, cuya introducción al país fue facilitada por algunos curas prominentes y Jesuitas.
La tesis de Feldman por sí misma tiene profundas raíces. “Por más de mil años” escribió Thomas H. Huxley en 1843 en el prefacio de su libro “Ciencia y tradición Hebrea”, “la gran mayoría de las más civilizadas e instruidas naciones del mundo… lo han sostenido para ser una indiscutible verdad que, quienes quiera que sean los autores de las escrituras Judías, Cristianas y Mahometanas (islámicas), es Dios mismo el autor real de ellas; y desde su concepción de los atributos que posee tal deidad, excluye la posibilidad del error y –por lo menos, con relación a este asunto en particular– de deliberado engaño, ellos han llevado a la conclusión lógica de que el que niega la exactitud de cualquier supuesto, el que cuestiona y compromete la fuerza de algún mandato que sea encontrado en estos documentos, no es únicamente un necio, sino un blasfemo. Desde el punto de vista de la razón, él brutalmente comete un error: para la religión, él peca gravemente.
Aunque muchas iglesias Norteamericanas parecen rechazar la campaña fundamentalista contra el Darwinismo, alguna de las más agresivas versiones del creacionismo –incluyendo la última llamada “diseño inteligente” por sus defensores– ha estado creciendo rápidamente en el suelo fértil provisto por algunas de las iglesias evangelistas que tuvieron su auge en el siglo XIX y principios del XX. Estados Unidos es único entre los países occidentales debido a su religiosidad. Las encuestas muestran consistentemente que sólo un pequeño porcentaje de los Norteamericanos sostiene una visión secular del mundo, en comparación con un abrumador 40% de la población que cree en el creacionismo estricto de la Biblia. Esto explica en parte por qué después del fallo de La Suprema Corte de Estados Unidos en 1987 que se oponía a la enseñanza de la llamada ciencia de la creación en las aulas, un nuevo, reciclado y altamente pragmático creacionismo ha evolucionado (si usted disculpa el juego de palabras). Es un movimiento que ha eliminado referencias abiertas al Cristianismo; Construido redes de trabajo de conferenciantes e investigadores que propagan la teología creacionista; Introducido nuevas jugadas, como el movimiento del diseño inteligente; Encontrado mayores recursos de financiamiento de fundaciones dirigidas por cristianos conservadores políticamente activos; y ha adaptado su fundamentalismo literal, no sólo al ritmo de música pop, sino también en la Web.
Sus logros pueden ser medidos no sólo por su emergente éxito socavando la separación de la Iglesia y el Estado en el contexto de la educación de la ciencia en las escuelas públicas en algunos estados como Kansas, Ohio y Pennsylvania, sino también en las declaraciones de las mayores figuras políticas, incluyendo al presidente Bush, que intenta, si no es que busca, aplacar al derecho religioso, por lo menos para asegurar públicamente su indisposición para tomar una posición firme en apoyo a la teoría de la evolución.

Traducción por: Héctor Mario Rivera Valladares

Referencia:
http://academia.cch.unam.mx/wiki/biologia3y4/index.php/Ense%C3%B1ando_Evoluci%C3%B3n_en_M%C3%A9xico:_Predicando_al_coro.